El gobierno no hace pié en el Congreso

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Se cayó un acuerdo por una ley destinada a inversiones.  Escribe Alejandro C. Tarruella. 

Alejandro C. Tarruella

Se caen, se doblan

   Massa aceleró su paso por el Congreso y acompañó la caída de cinco proyectos en el Congreso, que afectan con severidad al horizonte de Cambiemos. La era del pago a los buitres, los festejos debido a que ese “servicio” se debe a que devuelve comisiones que no se exponen al público, o el jolgorio inicial del blanqueo celebrado con un anuncio de “lluvia de inversiones” (aún el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, sigue sosteniendo que hay que sacar los paraguas en zonas adyacentes a entidades financieras), van cesando. Una reunión de intendentes peronistas en la ciudad de Lobos señaló la cancha en la semana, dentro de un conjunto de sucesos que indican que la paciencia, pobrecita según María Elena Walsh, a veces se encabrita y da lugar a un nuevo tiempo dentro del célebre “segundo semestre” en el que se anunciaba oficialmente, que casi todo iba ser color de rosa.

   Pero los términos de la “Conspiración de Acuario” que tiñen las palabras con que el macrismo barbismo (esté último movimiento alude a Durán Barba), declinan ante el retroceso de las condiciones políticas y sociales que vive el pueblo argentino. Los buenos pocos tiempos, se nutrían con acuerdos que pasaban por ganar la voluntad de Sergio Massa, dividir en la política al Frente para La Victoria generando adhesiones peronistas de toda laya bajo el argumento de sostener la gobernabilidad, ayudar al gobierno a superar los embates y con eso “defender la democracia” que astutamente dicen representar. En la semana, era necesario para el oficialismo, aprobar una ley, PPP, que habilitaba en su debilidad a sostener la ilusión de los dólares que caen desde el cielo (lo interpretó Diego Capussotto con uno de sus personajes que representa a un hombre de barrio que mira hacia arriba en la espera de un milagro que descienda en billetes verdes sobre sus calles). “Es para mejorar las inversiones”, detallaban sus progenitores en el Congreso. Aun cuando la vice Michetti y Emilio Monzó repartieron aumentos de un 70 por ciento en el privilegio activo de los legisladores (que ahora no se bajan por menos de $ 140 mil por mes de salario), la oposición comenzó a poner las barbas en remojo.

Tirar procuradores por la ventana

   Una de las jugadas de Cambiemos consistía en desplazar por ley a Alejandra Gils Carbó, la procuradora nacional, y reformar el Ministerio Pública para aplicarle el estatuto oficialista ampliando la Cámara de Diputados para que Emilio Monzó, titular de Cambiemos, pudiera realizar  lo que exigía Macri. Massa había acordado con ellos, negoció para desplazar a la procuradora Gils Carbó en tanto hacía cabalgar a Margarita Stolbizer para adecuarla a su necesidad de poder optar en provincia de Buenos Aires, por no ir como candidato a senador, y prepararse para el 19 en una confrontación histórica o histérica (los tiempos sabrán escoger el término correcto).

   Al parecer Massa observó un detalle: en las disputas internas por las leyes, en particular la de reforma política y la que pretendía arrojar de su sitio a Gils Carbó, Cambiemos tenía disidencias severas. Lilita Carrió se encargó de exponerlas y someterlas a uno de sus escenarios preferidos: el escándalo público.

Su puesta en escena resultó tan rotunda que la Stolbizer quedó en el aire; había aprobado las negociaciones y los primeros pasos de la ley de reforma del Ministerio Público pero ante el crecimiento presunto de las acciones de la Carrió, optó por convertirse en opositora a sí misma, y desaprobar sobre la marcha (o sobre la mancha, según se quiera).

   Hace una semana, Mario Negri, pope de la UCR en Cambiemos, paró el acuerdo de Massa con Monzó para meter más diputados en el jolgorio del Congreso y le espetó a boca de jarro Nicolás Massot: “No vamos a acompañar esto”. Mauricio esperaba al aumento de diputados para favorecerse con miembros de su coalición. A su vez, los aliados se le plantaron cuando esperaba la PPP, que alucinaba inversiones según se había cacareado en el mini Davos porteño. En algunos debates, el oficialismo observó que sin hacerse notar, varios legisladores radicales se habían ausentado en silencio estratégico.

Ni la dieta del final

  Lo cierto es que Cambiemos sumó cinco traspiés en su gestión, motivadas por desavenencias internas o de sus aliados. De nada valió que entre gallos y medianoche, la vicepresidente Michetti y los amigos de diputados, proveyeran ese aumento en las dietas, más gastos y otros etcéteras, con lo que los privilegiados del Congreso no reclamarán bonos de fin de año u otras deliciosas prebendas.

   Cambiemos ve ahora que el horizonte hacia 2017, llega picante y cada uno de los aspirantes a renovar o ganar amigos, comienza a hacer el trabajo fino de anudar alianzas y mirar más de una vez lo que firma. Si no firman, por ejemplo ante un pedido, habrá que pensar que el solicitante no llega con expectativas razonables a la contienda. Y que la realidad social y política, con ruido de movilizaciones, reclamos y conflictos, no aventura los mejores días para el oficialismo. Esa es la especulación que surge de los traspiés del gobierno que esta semana suman uno de cierta importancia porque al menos, hace a un discurso. Al gobierno le interesa fijar una agenda y elevar los temas aunque los anuncios luego, caigan estrepitosamente al volver a la atmósfera social de estos días.

 

 

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