Francisco divide


Daniela Bambill El Papa divide, sentenció Saenz Quesada, y los medios argentinos se llenaron de titulares con las palabras de la “prestigiosa historiadora”.

Dividir, separar, enfrentar, términos utilizados históricamente para marcar el desprecio por las clases populares. No debe haber división entre los argentinos, no debe haber confrontación. El determinismo social es la regla: “nacés pobre, morís pobre y no tenés derecho al pataleo”.

Los esbirros de las corporaciones han hecho un culto sobre lo bueno y lo malo para los argentinos y no tienen ningún empacho en embarrar cuanto personaje mundial ose plantear la Justicia Social como guía y faro del camino a recorrer. Ni siquiera el Jefe de la Iglesia Católica.

Francisco hace de su gobierno un compendio de incorrecciones políticas insoportables para los poderosos: Francisco molesta y esto no es una novedad.

Imaginemos a los esclavos de Jerusalén aplaudir a los Mercaderes del Templo y condenar la actitud de indignación del Nazareno frente al “abuso capitalista” de los rufianes mientras el pueblo moría de hambre. Ningún “cristiano” que se precie de tal se animaría siquiera a cuestionar el hecho narrado en los Evangelios, ni a poner en duda la actitud del Mesías, claro, siempre y cuando, claro está no lean la prensa argentina.

En la historia de la humanidad pocas veces el Sumo Pontífice estuvo tan cerca del pueblo de Dios, para los creyentes. Para quienes no tenemos la dicha de estar “bendecidos por la fe”, pocas veces un cuadro político de tamaña dimensión y compromiso social ha gobernado el Vaticano.

Esta semana el torpe gobierno macrista ha enviado una donación de 16 millones de pesos a la ONG que apadrina Francisco, SchollasOccurrentes tiene en el mundo más de 130 países que se han comprometido con el trabajo por la Paz en las escuelas, enseñar valores simples, que se van perdiendo uno a uno frente al avance atroz del capitalismo financiero que prostituye las mentes y las almas.

Francisco ha ordenado rechazar la donación con una sentencia firme “El Gobierno argentino tiene que acudir a tantas necesidades del pueblo, que no tienen derecho a pedirle un centavo”, dijo.

El Papa ha vuelto, en un hecho simple y sin trascendencia vital en el mapa de la política internacional a marcar la cancha, el hombre de Flores, no acepta dádivas y ha expuesto al gobierno más indolente y falaz de la historia de la Nación en evidencia.

Los “prestigiosos” historiadores como Saenz Quesada y los esbirros de poca monta que se protegen el statu quo de sus patrones,   reaccionaron con la violencia propia de los cortos intelectuales. La estrechez de la derecha vernácula sería irrisoria si no fuese tan dañina.

Francisco divide, porque le ha entregado un Rosario a la primera presa política de Macri, divide porque ha abrazado a la Madre que enarboló la puteada como bandera de reivindicación, divide porque sus gestos son más elocuentes que mil palabras, divide porque está del lado de los más débiles, divide porque hace gala obscena de la coherencia, divide porque no dejó sus convicciones en la puerta de San Pedro.

El Papa divide, gritan las cacatúas que van a misa a asegurarse un lugar lejos del calor del subsuelo de la Biblia.

Cortos los argumentos de la derecha vernácula. Estrecha la mirada  del mapa mundial. Miserable su paso por la historia.

Habrá que ver al final del cuento como queda el saldo de la división, algo hace suponer que de un lado de la línea serán millones y del otro un puñado de miserables de toda miseria.

El reloj marca el tiempo, en este lugar del mundo adonde el invierno transcurre a mitad de año, sin calefacción ni comida suficiente, los Mercaderes del Templo serán arrojados al fondo de la grieta por un rebaño de corderos que conoció la dignidad y cuando la dignidad es conocida no hay “prestigio historiador” que pueda hacerla desaparecer.

Comentarios

comentarios

×