Eva Sacco: ¿Cómo se llega a la pobreza cero si aumenta el hambre?


Eva SaccoLas medidas económicas tomadas por el actual gobierno repercutieron muy negativamente sobre los precios y el nivel de empleo. La devaluación del peso implicó un alza de al menos un 40% en el precio de los alimentos. Un estado preocupado por mantener el poder adquisitivo del salario luego de una devaluación -especialmente en los sectores de menores ingresos- debería aplicar políticas compensatorias. Las mismas pueden tener como objetivo  el problema de la formación de precios, o directamente constituir una transferencia en dinero, bienes o servicios para paliar la caída del poder adquisitivo.

En una economía de mercado, los precios se forman en función de los costos más un margen de ganancia o mark up. El margen de ganancia está determinado básicamente por la estructura de mercado (cuanto más concentrado es el mercado, mayor el margen de ganancia) y la apertura de la economía.  Los costos están conformados por un porcentaje de insumos importados, lo cual en teoría explica en qué proporción aumentará el precio una devaluación. Sin embargo, cuando una estructura de mercado está oligopolizada y para empeorar la situación los principales actores son empresas multinacionales que tienen como objetivo el margen de ganancias en dólares la devaluación se traslada a precios casi completamente. Justamente es por la estructura de mercado concentrada pueden aumentar los precios para mantener su rentabilidad en dólares. La entrega de la secretaría de comercio a las mismas empresas a las cuales deberían controlar, implicó el desmantelamiento de la mayoría de actividades que tenían como finalidad proteger al consumidor de maniobras abusivas.

Además de todas las medidas que directamente actuaban sobre los formadores de precios, el Estado dejó vacantes todas las políticas tendientes a compensar la baja en el poder de compra. El aumento a la jubilación mínima y a la Asignación Universal por hijo de un 15% representa claramente una fuerte caída en el poder de compra de los hogares de menores ingresos ya que no alcanza para cubrir una inflación de alimentos, que según la iniciativa observando precios ronda más de un 46% en la Capital Federal desde noviembre hasta el mes de marzo. Por otro lado, la caída de los salarios reales se potencia con el aumento de la desocupación; fruto de los despidos masivos del Estado y de las empresas privadas. Tampoco se observan políticas orientadas a cuidar los puestos laborales desde el ministerio de trabajo.

El aumento del precio de los alimentos, se traduce directamente en aumentos de la pobreza y la indigencia. Especialmente perverso es la retirada del Estado en relación a los comedores escolares y sociales: según el presupuesto de la provincia de buenos aires, el incremento a la partida de Desarrollo social (de donde dependen los comedores comunitarios) es de solo un 27,6% (el menor incremento otorgado a un ministerio por la provincia de Buenos Aires para el 2016), valor muy por debajo del incremento de precios ya percibido en los alimentos. En este contexto, los dirigentes barriales denuncian bajas de entre un 30% y 40% en los kilos de alimentos secos entregados a las organizaciones.

Que el hambre en un país que produce alimentos sea un problema es paradójico. Sin embargo, también en este punto hay que considerar algunas cuestiones: ¿Qué alimentos producimos? El avance de la sojización de la producción agrícola implica un corrimiento de la frontera hacia las ciudades, lo cual genera un estrangulamiento de los agricultores familiares -productores de frutas y hortalizas- que se ven obligados a avanzar hacia áreas peri-urbanas donde el valor del alquiler de la tierra es sensiblemente superior, e incrementado por el fenómeno de los countries.

La quita a las retenciones de los granos como el maíz y el girasol -principal alimento de aves, porcinos y vacunos- es un importante problema para la industria aviar y los tambos, lo cual implicó un incremento en los costos de producción de todas las carnes y la leche.

El Estado no propone ningún tipo de respuestas para estos productores, mostrando nuevamente que la mesa de los argentinos no es prioridad. ¿Produce Argentina muchos alimentos? Si, alimentos para pollos y chanchos que están en China. Frente a la promesa de campaña de solucionar los problemas de rentabilidad de las economías regionales del interior del país,  es destacable que la devaluación y quita de las retenciones solo favoreció a los agro negocios. Muchos de los productores de los alimentos que están en nuestra mesa fueron ampliamente desfavorecidos y están pasando actualmente por una situación económica aún más delicada que el 10 de diciembre de 2015.

En este contexto, las asociaciones de consumidores, organizaciones sociales y políticas propusieron una jornada de boicot a los supermercados el pasado 7 de abril, en repudio tanto a las políticas públicas -o más bien la falta de ellas- y el accionar de los eslabones más concentrados de la economía que no solo proponen márgenes de ganancias leoninos, sino como en el caso del sector lácteo, aprovechan la coyuntura para integrarse verticalmente, en detrimento de consumidores y productores.  La propuesta llamó a abstenerse de comprar tanto en grandes cadenas de supermercados como también productos de multinacionales. El objetivo fue tanto político: visibilizar el descontento de la ciudadanía con las medidas del gobierno, generar conciencia ciudadana y un propiciar un cambio de hábitos de consumo. Si se compran productos locales, producidos por empresas locales, la riqueza queda en la región. El resultado fue positivo: según datos informados por el gremio de personal jerárquico de empleados de comercio, hasta un 11% de caída en las ventas de unidades físicas en el día según la región. Queda aún un largo camino por recorrer.

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