“El fantasma”


Roberto Caballero Definitivamente, el sistema político nacional se volvió CFK-dependiente. Para mal y para bien, lo que pasa o lo que no tiene que pasar orbita alrededor de la figura de la dos veces presidenta de los argentinos.

Mauricio Macri la menciona –o se la hace mencionar a Marcos Peña o a Alfredo Leuco o a Marcelo Bonelli, todos comentaristas del palo- para explicar por qué las cosas les salen tan pero tan mal a Cambiemos, después de 15 meses de tormentosa gestión.

El peronismo no K la odia y la corteja, la mata y la resucita varias veces al día, porque la necesita y no sabe cómo decirle amorosamente que detesta necesitar a una mujer que está viva y a la que no pueden adjetivar como santa momificada.

Ahora se sabe, también, que los inversores que deberían estar danzando para que se le caigan los dólares justifican la tacaña sequía de todo este tiempo en la libertad ambulatoria de la que goza CFK. La quieren ver presa –dicen, aunque luego el lobista Felipe González lo desmienta- para garantizarse de que cada dólar que inviertan en algún futuro remoto, será un dólar que se pueden llevar cuando lo requieran y no corre riesgo de quedarse atrapado en las bóvedas sureñas del régimen populista y sus voraces beneficiarios. Parece chiste, no lo es. Son los únicos que, de verdad, saben por qué no quieren a CFK.

Todo pasa por ella. Como si gobernara todavía. O ella o su fantama. Los analistas del establishment, incluso, le adjudican extraordinarios poderes desestabilizadores un día (alguno que otro dijo “destituyente” para sentir que escribe como Horacio González, se supone), pero al día siguiente la tratan como si fuera un fósil político alejada del escenario de poder.

Para cualquier persona sensata, lo absurdo del planteo releva de otorgarle seriedad: o maneja todo o no maneja nada. Sin embargo, hay reuniones políticas y de accionistas de empresas de primera línea que se mecen entre estos comentarios esquizoides. Uno es lo que elige creer, al fin de cuentas.

Desestabilizar, no. Pero que los perturba, seguro. Desde que durante las jornadas del 678 de marzo, los agredidos por el modelo económico macrista ganaran la calle, el gobierno vive con el ceño fruncido. Casi un millón de personas, en distintos días, salieron a repudiar las políticas oficiales, y hasta el triunvirato de la CGT, con desgano pero de manera inevitable, se vio obligado a llamar a un paro general para el 6 de abril para contener a sus bases.

También los movimientos sociales salieron a reclamar la implementación de la Ley de Emergencia Social que habían acordado allá por diciembre con el gobierno. Lo curioso es que tanto los triunviros de la CGT como los triunviros del San Cayetano (Movimiento Evita, CCC y Barrios de Pie), no responden a CFK. Es pública la distancia que tomaron -algunos antes, otros después- de la ex presidenta y sus estrategias.

La operación que habla sobre “un golpe de Estado” orquestado por CFK en las sombras no tiene ninguna apoyatura en la realidad. Más bien intenta ponerla a ella y al kirchnerismo como identidad política en una zona de escándalo que suene fuerte como para ocultar la parálisis de la gestión macrista y la ausencia de resultados en un año electoral.

No hay brotes verdes, inflación sigue habiendo pese a la recesión, la corrupción M vino a comprobar que los ricos, no por ser ricos, dejan de tentarse con llevarse cosas a su casa, en suma, el gobierno no tiene buenas noticias para dar en ningún rubro. Ni siquiera lo que presentaron como una baja en el desempleo: se trata de gente que ya no busca trabajo. Aumentó la desolación. El desencanto es palpable, así como el derrumbe de la imagen presidencial.

El gobierno está mal. Las segundas líneas están desorientadas y las primeras, casi todas peleadas entre sí. Mezcla de convicción ideológica e incompetencia operativa, los resultados prometidos no llegan, ni siquiera en envase pequeño. Sacaron el Ahora 12 y el Ahora 18 y cayeron las ventas con tarjeta un 30%. Insisten: le exigen a los bancos que bajen los intereses por financiación para que bajen los precios. ¿Cuál puede ser el resultado? Que los precios no bajen, y que la gente se quede sin ofertas en el súper y sin compra financiada con tarjeta.

También el kirchnerismo orgánico y silvestre mira a CFK como si fuera La Meca. Si es o no candidata es el tema central que ocupa el debate de las sobremesas. Que “con ella es una cosa” y “sin ella es otra” –opinan-, mientras “La Jefa” lidia con la persecución judicial y mediática que se desató sobre toda su familia, y que muchos de ellos, desde la poltrona del panelismo intra-hogareño, sufren como angustiados espectadores.

Es tal la centralidad adquirida por CFK que hay jueces y fiscales que no sabrían qué hacer si no pudieran incluirla como personaje central en sus fabulaciones. Esta semana, la justicia M rechazó el pedido de la ex presidenta para que se audite la obra pública completa durante su gobierno. Hubiera sido un acto de inédita transparencia, pero es evidente que de ejecutarse podría haber beneficiado indirectamente a CFK y envuelto en escándalo a los actuales ocupantes de la Casa Rosada. Por lo tanto, se lo rechazó y listo.

Qué decir de los periodistas: lo único que tienen habilitado es criticarla a “Ella” en programas como Intratables o Animales Sueltos, porque no pueden o porque no los dejan hacer lo mismo con el presidente Macri a riesgo de no facturar la pauta publicitaria oficial para sus portales y microemprendimientos. No hay caso: a la cantidad de despidos, suspensiones y salarios adeudados que padece el gremio de Prensa habría que sumarle la deriva canalla en la que algunos periodistas se desenvuelven. El caso de Olavarría y el recital del Indio Solari es un ejemplo claro: desde el cable oficial de la agencia Télam que habla de muertos inexistentes hasta la columna de Jorge Lanata de ayer donde trata a Estela de Carlotto como “abuelita rocker”, todo se ha convertido en un espantoso chiquero.

¿Por culpa de CFK, también? Nada que ver. Sería un buen comienzo que cada uno admita su parte en todo esto.

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Roberto Caballero

Roberto Caballero

Periodista argentino, exdirector de la revista Veintitrés y del diario Tiempo Argentino. Conducía la segunda mañana de Radio Nacional.