Edgardo Rovira: Tic-tac hace la deuda


Edgardo Rovira

El stock de Lebacs pasó de $ 296.181 millones el 10 de Diciembre de 2015, día en que asumió Macri la Presidencia, a $ 764.725 millones el 11 de Abril de 2017. En 16 meses el endeudamiento en Letras del Banco Central subió casi 3 veces sin ningún límite ni control.

La colocación de Letras le permitió al Gobierno Nacional contar con divisas para gastar y al Banco Central le permitió secar la plaza de pesos, enfriando así la economía, modificando la estructura productiva  y buscando de esa manera, bajar de alguna manera la inflación.

Si Cavallo fue la madre del Megacanje, Sturzenegger, el hoy Presidente del Banco Central de la República Argentina, fue el padre. Por eso, desde el Banco Central se repiten las políticas monetaristas que acompañan esa idea del endeudamiento serial como supuesta solución de los problemas nacionales, pero para afrontar gastos corrientes y fugas de capitales, no para incentivar el consumo, dar crédito a las Pymes o invertir en Obras Públicas. Los medios hegemónicos cumplen un papel esencial en este retroceso validando desde su posición concentrada el paradigma endeudador como opción científicamente irrefutable.

Pero, ¿cuánto es el costo que paga el BCRA por ese endeudamiento en Letras? La política de deuda y contracción a la que nos empuja Federico Sturzenegger, le salió en intereses a los argentinos en 2016 casi un 2% del PBI. La proyección para el 2017 superaría el 2,5% del PBI.

Las Lebacs ofrecen un rendimiento en pesos que, con un dólar estable, se convierte en el más elevado del planeta. Con ese rendimiento la inversión productiva, los activos argentinos y el trabajo pierden  valor, en pesos, incluyendo el dólar. Se frena así el empleo, la producción y el consumo en bienes a través de créditos. La especulación de los capitales golondrina o Fondos Buitre suelen acelerar quiebras y decretar default para ampliar sus tasas de ganancias. Todo el sistema financiero entra en crisis, aunque hoy el Riesgo País no se ha disparado, producto del crédito que los Organismos de Financiamiento Internacionales le dan al país.

Las Lebacs ofrecen un rendimiento en pesos que, con un dólar estable, se convierte en el más elevado del planeta. Con ese rendimiento la inversión productiva, los activos argentinos y el trabajo pierden  valor, en pesos, incluyendo el dólar.

El Banco Central encaró una política astringente para frenar el traspaso a precios producto de la devaluación de Diciembre de 2016, pero siguió con esa política durante casi todo el año 2016 potenciando la recesión. Con tasas de un máximo de 38%, retiraron pesos de la calle por $ 170.700 millones complicando las compras y la inversión. Este año no habría devaluación hasta después de las elecciones de Octubre, pero con una inflación en el primer trimestre de 6,3% según datos del Indec, obliga al BCRA a subir las tasas para contener la suba de precios, o por lo menos, así lo quieren hacer creer. Desde mi punto de vista, no quieren hacer frente a un vencimiento sin renovación de stock de Lebacs, eso podría llevar a una corrida cambiaria como las de finales de los setenta o de los ochenta.

Salvo los conductores de crecimiento original, como la energía, algo del sector agropecuario y algo de minería, que no representan más del 16% del PBI, hoy no hay crecimiento en términos productivos. No hay expansión del crecimiento. Pero insisten con esta política de endeudamiento.

Algunos bienes se consumen, pero son por imperio de las transferencias de ingresos que hubo del blanqueo. Lo que hay es disolución de stocks en algunos productos determinados. Mirando los componentes de la demanda agregada, hay un freno al consumo y no hay una dinámica de demanda externa ni de inversiones que permitan avizorar un futuro bueno para la economía nacional.

Lo único que provocan las políticas ofertistas, en las cuales se baja la inflación sobre la base de sostener una política monetaria y fiscal dura, es una baja general de costos de la economía, potenciando aún más la destrucción del mercado interno y del mercado laboral.

El stock de Lebacs del Banco Central ya alcanza el 98% de la base monetaria (base monetaria que asciende a $ 779.781 millones). Ese dato vuelve a encender la alarma en el Gobierno Nacional, que ya deja ver diferencias de concepción y acción dentro de Cambiemos.

Según señalan los analistas, el incremento del volumen de Lebacs acrecienta el dilema de cómo hará el Banco Central para desarmar ese enorme cúmulo de pesos que hoy se encuentra invertido en estos instrumentos sin afectar a la economía.

Salvo los conductores de crecimiento original, como la energía, algo del sector agropecuario y algo de minería, que no representan más del 16% del PBI, hoy no hay crecimiento en términos productivos

Este martes vencen $ 320.526 millones en Lebacs. Es una masa de dinero muy grande que sale caro renovar y que tarde o temprano se va a terminar yendo de las letras; hoy se mantiene porque la tasa es alta, pero en algún momento eso va a desarmarse. La pregunta es cuándo eso se desarme, ¿hacia dónde se va a ir? Y la lógica son dos alternativas: al dólar o a precios.

Al margen de las políticas, la reactivación que pueda plantear desde el Ministerio de Hacienda y Finanzas colisiona una y otra vez con las elevadas tasas de interés que impulsa la autoridad monetaria. Es imposible que la producción compita con la especulación en las Lebacs.

Más allá del costo de la política monetaria en pérdida de competitividad y las dudas sobre su sustentabilidad, las causas de la crisis productiva están en el deterioro del poder de compra de la población y la subejecución del gasto público en un contexto internacional poco favorable.

La permanencia en el tiempo de tasas altas es nociva en cualquier país del mundo. Mucho más para el nuestro, que siempre tiende a la reprimarización de la economía y a la especulación financiera. Dada su vocación monetarista, Sturzenegger podría haber subido la tasa de encaje, en lugar de la tasa de interés, pero todo es para la bicicleta financiera.

El rebote de la inflación que se detectó en Febrero, Marzo y según las mediciones privadas se repetirá en Abril y Mayo, le dio la excusa perfecta a Sturzenegger para cubrir los vencimientos con tasas altas y evitar por ahora, la explosión de deuda. Las mesas de dinero no dejan de vender, la deuda no deja de crecer y la cuenta regresiva para el estallido de la bomba financiera se acelera.

 

 

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