Edgardo Rovira: La deuda dispara el déficit fiscal y Argentina cae en zona roja


 

Edgardo Rovira

El manejo fiscal del macrismo es descoordinado, beneficia a unos pocos, es procíclico en un contexto recesivo y sin sustentabilidad. Las cuentas públicas del gobierno de Macri están al “rojo vivo”, después de 16 años el pago de intereses vuelve a ser una de las cargas más pesadas sobre el balance del Estado.

Y no debería sorprendernos, el endeudamiento es para el macrismo la única solución que encuentra a los problemas económicos-sociales nacionales, o simplemente la manera más fácil y rápida de imponer el ajuste, facilitar la fuga y transferir recursos a los sectores más ricos, sin que le estalle la Patria demasiado rápido.

El déficit fiscal 2017 terminará siendo el tercero más elevado de la historia de la Argentina, apenas por detrás del déficit del Rodrigazo y del pico de déficit que tuvo Alfonsín. Las proyecciones van desde un déficit de 4,8% del PBI hasta un 7%. Las mediciones más optimistas, Fiel y JP Morgan piensan en un déficit de entre 5 y 5,3% mientras que los más pesimistas llegan hasta un 7%, Capital Economics. Societe Generals habla de 6,9% y UBS de un 6,8% de déficit fiscal.

El déficit fiscal 2017 terminará siendo el tercero más elevado de la historia de la Argentina, apenas por detrás del déficit del Rodrigazo y del pico de déficit que tuvo Alfonsín

En abril ese rojo superó cualquier mala predicción del opositor más fundamentalista. Las razones, el fuerte aumento de pagos de intereses de deuda; el financiamiento de la fuga de capitales que entre enero y mayo alcanzó la escalofriante cifra de más de u$s 10.000 millones; la reducción de ingresos de las arcas del Estado producto de la decisión del gobierno macrista de devolverle impuestos a grupos acomodados de la sociedad, destacándose la quita de las retenciones para el campo y la minería, además de baja de impuestos en algunos sectores; la profundización de la recesión que ya lleva más de un año y por último, por el pago de los gastos corrientes de un Estado cada vez más ajustado pero que ve aumentar la cifra producto de la inflación que sigue extremadamente alta.

El déficit fiscal de abril fue de $ 49.012 millones, un 187% más que el “rojo” de $ 17.975 millones de igual mes de 2016. Con esta cifra, en los primeros cuatro meses de este año, el déficit fiscal ascendió a $ 84.240 millones, “más de cinco veces (500%) el déficit obtenido en igual período de 2016”, según el informe de ejecución presupuestaria de ASAP (Asociación Argentina de Presupuesto).

Este descomunal aumento del déficit se da a pesar de haber contado con los ingresos extraordinarios del blanqueo por unos $ 43.500 millones, a pesar de haber realizado el Estado menos transferencias por subsidios que le representa un “ahorro fiscal” de 0,4% del PBI, aproximadamente $ 39.000 millones, según las estimaciones del Palacio de Hacienda, y la meta para todo el 2017 en materia de recortes de subsidios es llegar al 0,9% del PBI, lo que implicaría entre $ 80.000 y $ 100.000 millones.

Por el peso de los pagos de intereses el Estado debió desenvolver en estos meses unos $ 78.848 millones, lo que equivale a una suba del 92,5%. En los primeros 4 meses de este año el déficit total trepó un 458%. Los intereses representan el 93,6% del rojo total de las cuentas públicas. Para entender la magnitud de lo que le sale a los argentinos cubrir los intereses del endeudamiento generado por Sturzenegger, Dujovne, Caputo y Macri, el pago neto de deuda en abril, resultó un 28% superior al pago total de salarios de toda la administración pública nacional y un 60% mayor al pago en subsidios (en transportes, energía y otras) que se realizó en ese mismo mes.

Si lo anteriormente dicho no alcanza para tener real dimensión de lo que nos sale la “Fiesta de la Deuda” de Cambiemos, podemos decir que el Banco Central de la República Argentina paga por mes $ 18.200 millones en intereses por Lebac, unos $ 218.400 millones al año

Si lo anteriormente dicho no alcanza para tener real dimensión de lo que nos sale la “Fiesta de la Deuda” de Cambiemos, podemos decir que el Banco Central de la República Argentina paga por mes $ 18.200 millones en intereses por Lebac, unos $ 218.400 millones al año. El presupuesto total en Educación es de $ 160.000 millones.

Sin contar los intereses, el déficit primario fue de $ 18.664 millones, un 71% por encima de $ 10.893 millones de acuerdo a las cifras difundidas por el Ministerio de Hacienda. Esa cifra aumentó pese a los innumerables recortes que en estos 16 meses realizó el gobierno nacional, podemos contar y comprobar cómo se redujeron presupuestos, eliminaron programas sociales, despidieron trabajadores del Estado, se suspendieron ayudas y beneficios.

Por ejemplo, los subsidios a las empresas públicas cayeron un 58%, en especial a AYSA que recibió solo 2 millones frente a los $ 2.068 millones de igual período de 2016. Se redujeron programas como “atención de la madre y el niño”, cuyos fondos van de $ 4.000 millones a $ 2.000 millones, y “atención sanitaria en el territorio”, que pierde de $ 439 millones en 2016 a $ 258 millones en 2017. Otro de los sectores que perdió asignación fue el de Ciencia y Técnica que este año recibirá sólo el 0,59% del gasto total, cuando el Presupuesto que recibió entre 2009-2016 rondó entre 0,7% y 0,8%.

El déficit fiscal del Gobierno Nacional, lejos de la promesa de reducción gradual del Ministro Alfonso Prat Gay en los primeros días de Macri en el poder, no deja de crecer a pasos acelerados, en estos tiempos de la mano de las medidas de Nicolás Dujovne y Luis Caputo. La economía está sumergida en un círculo vicioso de recesión producto de aplicar un programa de ajuste con redistribución regresiva del ingreso. La recaudación tributaria, principal fuente de recursos corrientes del sector público, tuvo fuerte desaceleración por la contracción de la actividad económica, lo cual generó caída de ventas y la consiguiente merma en la tributación del IVA. Ganancias y Derechos de Exportación fueron otros impuestos que marcaron una desastrosa performance, apenas los aranceles de importación fueron uno de los pocos tributos que crecieron, producto de la indiscriminada y total apertura comercial.

Aplicando criterios de contabilidad creativa, el ex Ministro de Finanzas y Des-hacienda, fue dibujando el último déficit del gobierno kirchnerista, pasando de un 2,3 a un 5,8 hasta llegar al 7,1%.

El gobierno de Cambiemos asumió con un déficit heredado de la administración anterior, según documentos oficiales de 1,9% del PBI, pero ese número no le servía al gobierno de Macri para construir un relato ficcional sobre “la pesada herencia recibida”. Aplicando criterios de contabilidad creativa, el ex Ministro de Finanzas y Des-hacienda, fue dibujando el último déficit del gobierno kirchnerista, pasando de un 2,3 a un 5,8 hasta llegar al 7,1%. Para eso cambió la metodología de medición de ingresos y egresos, incorporó cuentas a pagar (deuda flotante) y sumó pérdidas de ingresos por medidas aplicadas por el actual gobierno con el objetivo de mostrar que recibió una situación fiscal descontrolada. Esa actitud le sirvió a Macri para distraer a gobernadores, confundir a gran parte de la oposición, convencer al mundo empresario que estaban mal pese a que les iba bien en sus negocios.

Durante años los representantes de la ortodoxia económica han criticado el manejo fiscal del kirchnerismo, repitiendo hasta el cansancio los mismos sinsentidos del “despilfarro” y la utilización de “cajas” para financiar la “fiesta populista”. Sin embargo, la expansión fiscal era moderada en términos relativos, instrumentada en función de dinamizar el mercado interno y orientada a mejorar la distribución del ingreso y la calidad de vida de los argentinos.

Sin embargo, desde la Casa Rosada de la “Revolución de la Alegría” se escucha decir en los pasillos, que después de las elecciones van a profundizar las medidas del actual plan económico, todavía falta ver lo peor: un brutal ajuste para recortar el déficit fiscal que este gobierno sobrealimenta con pagos de intereses de deuda. El recorte drástico del déficit es la demanda del grupo de economistas monetaristas en la cual se inscribe el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, responsable máximo de enfriar la economía y provocar una “bicicleta financiera” que no se ve desde los tiempos de Martínez de Hoz.

Macri necesita bajar el déficit fiscal, no por una cuestión ideológica o de cumplir con una promesa de campaña, al gobierno se le hace insostenible repetir este alto nivel de déficit fiscal porque ya no tiene las mismas alternativas que en 2016 de reiterar el alto nivel de endeudamiento para financiarlo sin llevar a una zona de default esos compromisos.

El impresionante endeudamiento en pesos, dólares, euros, yuanes, libras, letras, bonos, créditos duros y blandos en el mercado local e internacional, no derivó en una fiesta económica, no impulsó la producción ni trajo inversiones, no redujo la pobreza ni generó trabajo

Con la excusa de pagar el déficit fiscal, dicen que se endeudan, con la excusa del déficit fiscal justifican los despidos en el Estado, la quita de subsidios, el ajuste permanente y la paralización del presupuesto ejecutable de toda la administración pública nacional, que está casi paralizada. Desde los medios hegemónicos, se opera con el “déficit fiscal” para justificar el ajuste y cumple un papel esencial validando desde su posición concentrada el endeudamiento como una opción científicamente irrefutable.

Podemos decir, utilizando el lenguaje de los economistas ortodoxos que se pasean por los canales de televisión, que el gobierno de Macri asaltó la “caja” del endeudamiento externo que dejó el kirchnerismo gracias al significativo esfuerzo social del desendeudamiento, ahora irá por la “caja” de los jubilados con la liquidación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses pues capturará no sólo las utilidades sino también el capital de esa “caja”; y seguirá utilizando financiamiento de la “caja” del Banco Central al Tesoro Nacional hasta que se declare el Default.

El impresionante endeudamiento en pesos, dólares, euros, yuanes, libras, letras, bonos, créditos duros y blandos en el mercado local e internacional, no derivó en una fiesta económica, no impulsó la producción ni trajo inversiones, no redujo la pobreza ni generó trabajo. La fiesta económica nunca llegó. El desmanejo en la gestión económica tiene como saldo recesión, fuga de capitales, mayor desequilibrio externo y aumento del déficit fiscal. Todo esto, hasta que se deba pagar la cuenta, y ahí… justo ahí, digan que estamos quebrados.

 

 

 

 

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