Crónicas correntinas


Por Maximiliano Borches*

El chamamé es por excelencia el sonido y lenguaje del litoral y la música de Corrientes, capital de esta identidad cultural que por estos días despliega todo su encanto mítico y hace surgir de la tierra, como de los ríos Paraná y Uruguay -dioses acuáticos de barro-, la profundidad de su raíz guaraní y la potencia de su fusión con la Argentina gringa, expresada en los rostros de sus habitantes y en la composición de sus acordes y voces.

Pero también, y fundamentalmente, Corrientes se constituye en la franqueza de su gente, en la mano tendida de sus trabajadores, en las palabras alargadas de su hablar, en su inmensa generosidad y en la mitológica belleza de sus mujeres, quienes de manera natural -sin necesidad de enmascaramientos-, al igual que la lluvia o la llegada del día o la noche, despliegan sus encantos de Penélope americanas, embrujando  con la profundidad de sus ojos a quienes las miren.

 Tierra Gauraní

No es casual que la flor nacional argentina: la flor del ceibo, tenga su origen en una valiente mujer guaraní. Cuenta una leyenda de este pueblo, que Anahí vivía en la ribera del Río Paraná, y entre sus dones, se desplegaba el entonar canciones que deleitaban a su pueblo, sobre sus dioses y el amor hacia la tierra.

La llegada del invasor español, masacró a los suyos, y Anahí fue tomada prisionera. Una noche de luna (Yaci, dios que simboliza la luna según los guaraníes), aprovechando que su carcelero estaba profundamente dormido, Anahí se escapó, pero apenas pudo desprenderse de sus amarras, el español se despertó, y Anahí que rápidamente tomó el cuchillo de éste, se lo clavó en el pecho y huyó a hacia la selva.

Allí fue atrapada por sus captores europeos, que en venganza decidieron quemarla viva en la hoguera. Sin embargo, el fuego encendido por los invasores no lograba llegar al esbelto cuerpo de Ahahí, quien de  a poco se fue convirtiendo en árbol: el Ceibo, cuya flor -Anahí, según el relato guaraní-, representa la valentía y resistencia de este pueblo.

Río Paraná

La ciudad de Corrientes recibe el permanente abrazo del Río Paraná, una especiee de dios acuático de barro, de misteriosos  movimientos, que fue protagonista de dos hechos heroicos en nuestra Historia nacional: a su vera se alzó por primera vez la bandera nacional, bajo el mando de Manuel Belgrano, y en su lecho, el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, combatió con decisión y patriotismo a los invasores ingleses y franceses en 1845 (las dos grandes potencias del S.XIX), logrando su retirada en favor de la consolidación soberana nacional.

El chamamé como identidad y el Sapucay como grito de guerra y alegría

Cuenta una historia que durante la vergonzoza Guerra de la Triple Alianza, o Guerra Guazú (grande), según la definición paraguaya, en la que los gobiernos liberales de Buenos Aires y Uruguay, junto al Imperio brasilero, y bajo las órdenes de la corona Británica, destruyeron a la única nación soberana y federal sudamericana: Paraguay, ls soldados correntinos obligados a pelear contra sus hermanos paraguayos, lanzaban poderosos sapucay antes de entrar en combate, que eran recibidos con terror tanto por el propio Bartolomé Mitre como por sus oficiales porteños.

Este grito, es una de las marcas más fuertes de la herencia guaraní, y nace del corazón y de las venas, para tomar camino por las gargantas de quienes lo liberan con su impactante sonido gutural.

Por estos días, donde la 27° Fiesta Nacional del Chamamé y 13° Fiesta del Chamamé del Mercosur atraviesa cada tramo de la cotidianidad de los habitantes de esta ciudad, y la de los miles que llegaron de otras provincias y países como Brasil, Paraguay y Uruguay; y en una año electoral, además, que decidirá el rumbo que tomará esta provincia en los próximos cuatro años, la energía del sapucay como grito renovador, parece preanunciar un cambio positivo para este pueblo, que luego de años de políticas de exclusión, parece encaminarse hacia un gobierno de características populares.

*Desde Corrientes (Fotos y textos)

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